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La ventana

Asomada a la ventana veía el mercante en el horizonte seguir un rumbo impreciso, una gaviota se zambullía buscando un pez descuidado atraído por la luz, un pequeño velero se balanceaba al pairo mecido suavemente por el vaivén de la marea y el sol comenzaba a teñir el cielo de rojo anaranjado. A su espalda descendía el murmullo de los visitantes, pensó, como siempre, en volverse, pero miró de reojo y sobre la mesa continuaba el libro abierto, el gramófono y sus gafas de montura fina, suspiró de pereza y se dijo mañana. Las luces se fueron apagando y ella continuó asomada a la ventana, había pasado mucho tiempo, ya no se sentía igual de joven y la curiosidad por saber que ocurría a su espalda se iba apagando.

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Por un baile

Siempre trató de ser moderado en todo, en el trabajo, en el placer, en el deporte..., fue prudente en las discusiones, vistió de modo sencillo, nunca se emborrachó y prefería ayunar a saciarse. Jamás sobrepasó el límite de velocidad, ni se pasó un semáforo en rojo. Nunca gritó, ni dio un portazo. Tampoco estuvo eufórico, ni deprimido. Por no molestar, nunca tuvo una idea propia. Las últimas Navidades, en la oficina, los compañeros comenzaron a bailar, peor que mejor, bachata, él se escondió en un armario y no volvió a salir. Nadie se dio cuenta.