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Atraco II

Estaba cerca de la puerta, así que los siguió, vio como entraban en un coche que tomó dirección sur y que se perdió en el tráfico.
El resto de la clientela no fue tan rápida, cuando los primeros salieron ya no había rastro del vehículo, ¿los ha visto?, preguntó el primero que llegó a su altura, si, contestó, hemos llamado a la policía, rápido, ¿por donde han ido?, preguntó otro, señaló al norte, en un Seat azul, dijo, ¿ha visto la matrícula?, no, dijo él, no, dijo el otro al teléfono, ¿que modelo?, insistió, no sé, titubeó un poco, vamos, le inquirió, un Ibiza, un Ibiza, repitió el otro.
Todos volvieron dentro menos él, que se escabulló inmediatamente terminó la conversación, a lo lejos se oía una sirena.
Pasó el resto de la tarde escrutando el sur de la ciudad, buscando un Peugeot 208 blanco con una matrícula en la que figuraban unas letras y números que recordaba perfectamente.
El día había sido divertido.

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Por un baile

Siempre trató de ser moderado en todo, en el trabajo, en el placer, en el deporte..., fue prudente en las discusiones, vistió de modo sencillo, nunca se emborrachó y prefería ayunar a saciarse. Jamás sobrepasó el límite de velocidad, ni se pasó un semáforo en rojo. Nunca gritó, ni dio un portazo. Tampoco estuvo eufórico, ni deprimido. Por no molestar, nunca tuvo una idea propia. Las últimas Navidades, en la oficina, los compañeros comenzaron a bailar, peor que mejor, bachata, él se escondió en un armario y no volvió a salir. Nadie se dio cuenta.