Nunca había entrado en ese local, pero ahora, que disponía de tiempo, se había propuesto explorar la ciudad y conocer nuevos restaurantes. Así que, de una forma metódica, día a día rastreaba cada rincón y cada semana escogía uno para una pequeña consumición, ningún dispendio importante. Podría haber usado las nuevas tecnologías, pero le resultaba más excitante el descubrimiento casual.
Y fue así como entró en el local, se acomodó en la barra, pidió una tapa y cerveza y al mirar hacia la puerta la vio entrar. Nunca le había pasado, pero el estómago le dio un vuelco, capucha, gafas de sol, piernas largas, una barbilla preciosa, y, sobre todo, una voz sensual, no entendió que dijo a su acompañante cuando la rozó, sólo prestó atención al susurro de su voz. Lo que pasó inmediatamente fue que se vio inmerso en un atraco, un individuo con gafas de sol y capucha atrancó la entrada mientras otro gritaba, esto es un atraco, sin dejar de encañonarlos. Con la mirada la buscó y, ante su sorpresa, ella iba recolectando los relojes, carteras, móviles y joyas que iban depositando en una bolsa de IKEA, al llegar a su lado fue a darle la cartera pero ella le sonrió, apartó la bolsa, vació tranquilamente la registradora y se marchó junto a sus cómplices.
No habían pasado más de tres minutos.
Y fue así como entró en el local, se acomodó en la barra, pidió una tapa y cerveza y al mirar hacia la puerta la vio entrar. Nunca le había pasado, pero el estómago le dio un vuelco, capucha, gafas de sol, piernas largas, una barbilla preciosa, y, sobre todo, una voz sensual, no entendió que dijo a su acompañante cuando la rozó, sólo prestó atención al susurro de su voz. Lo que pasó inmediatamente fue que se vio inmerso en un atraco, un individuo con gafas de sol y capucha atrancó la entrada mientras otro gritaba, esto es un atraco, sin dejar de encañonarlos. Con la mirada la buscó y, ante su sorpresa, ella iba recolectando los relojes, carteras, móviles y joyas que iban depositando en una bolsa de IKEA, al llegar a su lado fue a darle la cartera pero ella le sonrió, apartó la bolsa, vació tranquilamente la registradora y se marchó junto a sus cómplices.
No habían pasado más de tres minutos.

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